Datos, política y democracia

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Prof. Claudio Gutiérrez, académico DCC


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Columna de opinión del Prof. Claudio Gutiérrez, académico del DCC, Investigador Senior del Instituto Milenio Fundamentos de los Datos y Senador Universitario.

 

El escándalo de Facebook y Cambridge Analytics es un ejemplo de texto para mostrar los lazos entre empresas monopólicas, la ética científica, la política, y la democracia en los tiempos que vivimos. Aprovecharemos la oportunidad.

 

Manipular ciudadanos no es algo nuevo. Lo hacía el cura hace un siglo cuando en el confesorio "invitaba" a los campesinos a confesar lo que pensaban, para después informarlo al hacendado, quien con esa información ganaba poder sobre sus inquilinos. En una sociedad más "científica" el método del confesorio se reemplazó por la encuesta que extendía el ámbito de la población a influenciar y que consolidó la disciplina de la "propaganda". Me interesa destacar la esencia del procedimiento: obtener y usar información sin que la persona que la entrega tenga control del uso que se le dará. Sea éste el cura inmoral en el confesorio o el sociólogo amoral con la encuesta. Nótese que en ambos casos, la información no es obtenida bajo la fuerza, sino bajo incentivos indirectos, sea el paraíso, el bien público o el avance de la ciencia.

 

En algún momento estas "técnicas" pasaron al mundo político. Vale la pena recordar que la política clásicamente era el arte de gobernar, esto es, dirigir integrando las ideas y proyectos de diferentes grupos sociales y personas. La democracia es la forma que las sociedades modernas idearon para conseguir esos acuerdos y elegir los proyectos que mejor interpretan a esa sociedad. Usualmente ello supone mecanismos de elección para dirimir entre ideas a través de sus representantes. Aparece entonces el peligro que la política y la democracia se transformen en una simple competencia por ganar elecciones, esto es, "los partidos formulan sus políticas para ganar las elecciones más que ganan las elecciones para formular políticas" (A. Downs). Y para ganar elecciones, qué mejor que acudir a la ciencia para conseguir metodologías eficientes para influenciar a los votantes. No es casualidad que algunos piensen que "el estudio de la política es el estudio de la influencia y de lo influyente" (H. Lasswell).

 

¿Cómo se logra esa influencia en los electores?  A través de una estrategia llamada microtargeting, que tuvo su origen en el mercado, y consiste en usar datos demográficos y de consumidores para identificar los intereses específicos de pequeños grupos o individuos para influenciar sus formas de pensar, gustar, actuar, etc.

 

Adelantemos la conclusión: ello es fatal para la democracia. La democracia supone y requiere la confrontación de ideas diferentes y opuestas y que los ciudadanos las debatan y de esa manera las integren y decidan por aquellas que más apoyo logren. El microtargenting mata el debate global y crea micromundos ideológicos, burbujas de opinión, que solo escuchan y "debaten" lo que ellos mismos piensan. Se destruye la compleja conformación del tejido social, esto es, el entrecruce de diferentes hebras políticas y proyectos de país. La sociedad se transforma en una colección inorgánica y desintegrada de pequeños grupos e individuos. No hay orquestación de proyectos de país, pues nadie arriesga siquiera a plantearlos, menos debatirlos.

 

La base técnica que posibilita lo anterior es la posibilidad de conocer los perfiles de cada individuo y grupo social a gran escala. Ello es posible hoy por el desarrollo de nuevas tecnologías: mecanismos de captura de datos, sobre todo a través de redes sociales; algoritmos de procesamiento y análisis de grandes volúmenes de datos y de aprendizaje, particularmente la técnica conocida como deep learning; y plataformas de redes sociales virtuales que convocan millares de usuarios (por ejemplo Facebook).

 

Veamos el caso de Facebook y Cambridge Analytics (CA). Para conseguir los datos, la empresa de análisis CA se basó en los datos que Facebook obtiene de sus usuarios. No todos estaban disponibles de manera directa, por lo que se requirió conseguir los "servicios" de un académico de la Universidad de Cambridge, que gustoso (y amoralmente) se hizo parte del proyecto pues le permitía experimentar sus nuevos algoritmos. Luego la empresa CA desarrolló todas sus potencialidades para procesar esa cantidad gigantesca de datos para determinar los clusters (grupos) de influencia, y alinearlos con la paleta de temas políticos de los clientes en cuestión. Finalmente, era necesario ejercer las paletas de influencias descubiertas (usando técnicas psicológicas y sociales) sobre los posibles votantes. Para ello se usó de nuevo la red de Facebook mostrando a cada usuario las facetas del candidato alineados con su perfil.

 

No discutiré aquí si Facebook o Cambridge Analytics o ambos sobrepasaron y dónde la legalidad o la ética. Solo quisiera insistir que lo que hicieron fue posible porque  obtuvieron y usaron datos e información sin que la persona que los entregó tuviera control del uso que se les daría. Fue posible porque aún hoy millones de usuarios regalan a diario sus datos a estas empresas monopólicas confiando en que el moderno cura que los confiesa no le dirá nada al moderno hacendado. Moraleja: mejorar la política y la democracia depende también de cada uno de nosotros.

 

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Comunicaciones DCC